Alejandro Nigro nigronetworks@gmail.com

jueves, 29 de octubre de 2015

Cuento para la Villa de Gracia




Cuento para la Villa de Gracia

Tengo mil cuentos para hacer, y necesito ya quitarme del ahogo, del dolor que oprime mi garganta a media noche, cuando según dicen los que saben, la inspiración se desencadena, para no dejarte por nunca jamás.
Viniste otra vez a mis recuerdos, para despertarme en la noche y hacerme sentir pobre, en este mar de palabras que he de encontrar, para poder contar nuestra historia, aquella historia, la de la Villa de Gracia, la de las fiestas del barrio, la de mi barrio amado.
Es cuando nunca mejor encaja Alfredo, lo de “ no hay dolor más atrós que ser feliz “ por que los recuerdos que te traen otra y otra vez son de una sutil y cruel felicidad.
Recuerdo ahora, que salía de casa, la que compartía con una pareja de vascos, en Sagrada Familia, emporrado y borracho soñador, ahora consciente de que el troglodita afectivo que soy y era, no tenía de donde alimentarse, y que quizá no lo tendría por tiempo, salí a la calle, entre nubes, recontra loco, a perderme, en los primeros meses de los once años que viví allí. por las calles de por ahí, en dirección a la montaña.
Mi sed era urgente en esa época, y caminaba sin mirar persona alguna, así nadie fuera a ver de estaba compuesto mi sentir. Gris, temeroso, maníaco y desesperado de afecto también, con una ira intolerable e ntolerante hacia todas las sircunstancias de mi vida, de esa vida.
El paisaje de las calles comenzó a cambiar lentamente, y comenzaron a aparecer decorados sobre los árboles, mariposas de colores entre selvas profundas, historias de ciencia ficción con naves espaciales, monos y aves, jardines colgantes, un barrio entero de color y armonía, decorado en su cielo, con sus vecinos en comunión compartiendo la comida. Alegría entre la gente, música en vivo
con publico y más público y cada vez más, en el que pasar desapercibido, deleitándose en aquello que nunca imaginé ver, y que en mi borrachera aumentaba mi asombro por diez. Locura total. Me apropié de aquello, pensaba que nadie en el mundo más que yo podía conocer antes aquello de Barcelona, o sabía o me había ablado sobre las Fiestas de Gracia antes.
Tenía que sentarme a tomarme otra y lo hice en una plaza, en un banco de cemento gris, muy cómodo, y necesario para mi estado. La soledad, el alcohol, el tabaco, los porros, deterioran tu imagen, te arruinan sin que te des cuenta, hasta el punto que tu higiene personal se puede cuestionar cuando eres hojita que el viento ha de martirizar.
Por eso cuando la vi, delante mío, escuchando atentamente el concierto, con aquella falda impecable, su bolsa de haberse comprado algo elehante y delicado por lo diminuto del labolsa, y su pelo rubio y lasio hasta la cintura, sin ver su cara, supe que era bellísima.
Se que lo era. Me maltrataría y la cobardía, como otras veces me puso cien quilos de plomo en los pies, y mil latidos en la garganta. No recuerdo cuantas más bebí. Pero algo, como un gancho, me acercó hacia ella y le hablé. Me miró y se rió. Se que fue elegante y me habló.
En tiempos de euforia de mi alma, soy capaz de hablar con una lágrima en el filo mismo del lagrimal, sin que se me derrame, sea cosa buena, mala, divertida, sentimental o lo que te diga, el resto van por mi garganta, para contenerme y poder así disfrutar de aquel doloroso caudal de lo más puro que pueda expresar que haya en mi, en aquel mismo instante.
Hablamos, hablamos, hablamos, caminamos, caminamos, caminamos. Yo tengo una pobreza que solo da para subir al ómnibus y comer hasta fin de mes, y mantener mi alcoholismo con la cerveza más barata cada día en la plaza del barrio.
Como se hacía la noche, ella preguntó lo que yo no podía, Cenamos? Bajo un concepto estúpido de educación, no estoy acostumbrado a aceptar nada de nadie cuando el origen del problema está en que no puedo, en mi orgullo de no haber disfrutado jamás de una invitación por que siempre lo he podido todo, y ahora me siento como nunca con los valores trastornados, bajo la ley del tanto tienes tanto vales. Acepté!! Además soy rioplatense de los de antes recién llegado donde mucho hay por balancear entre lo que traes en tu maleta, y lo que aprendes donde vas.
Eta vez me deje llevar como pocas veces, por la ensoñación de lo que estaba ocurriendo. Me había declarado un perdedor, y ahora estaba sin perfume delante de la mas bella, suelto el músculo del pecho, entregado a las carreras de una mente enloquecida capaz de conquistarlo todo si te atreves a mirarme un segundo a mis ojos y a dejar que la mermelada de palabras, que no son mentiras , sino locura momentánea entren en ti.
La cena fue para saciar el apetito, para vernos y mostrar mi cara al menos por un instante. Ahora pude sentir valentía después de mucho tiempo, y un agradecimiento al momento, a aquello que le hizo ver en mi, algo humano que disfrutar, y a disfrutar de compartir su soledad, que no recuerdo los porque el alcohol mucho lo borra, y además no te deja escuchar.
Salimos del restaurante hacia la calle Verdi, mitad del barrio, con tiendas pequeñas, bares diminutos donde parar para extender charlas, decorados, gente que sube y que baja, risas, libros cines, todo puesto con gusto para el bien pasar.
Se hizo un silencio entre los dos durante unos pasos. Primero fué uno de nuestros nudillos que se rozaron uno contra el otro al ritmo del paso sereno. El pendulear de nuestros brazos no desvío el trayecto en la segunda oportunidad, y ya pude sentir su piel tibia. No había nada a mi alrededor, todo estaba allí. El corazón quería ahogarme, y no lo dejé cuando entró aquella bocanada de aire que lo hace entrecortado, hijo de las emociones.
Tomé su mano en cámara lenta. Ingresé aquel movimiento en mi ser. Ella no me miraba, ni yo a ella. Lo disfrutamos durante minutos. Como que todo lo que vendrá vendrá y ahora es el momento. Nuestros dedos fueron dendritas que contaron desde lo que necesitábamos todo, y todo fue comprendido.
En algún lugar, bajo algún decorado de pájaros y plantas, en la selva de la fortuna, dejamos que nuestra naturaleza entrara en una caricia con los dedos entrelazados en su pelo, una mirada placida y de contención, de cual sería ahora, el momento preciso, la manera exacta y soñada de comer miga a miga el pan de nuestros labios.
Largos, húmedos, retorcidos y pacientes los besos y miradas de aquel rincón, donde una terragonesa y un montevideano todo lo dieron sin pensar y para vivir la vida misma con pasión tangible del aquel ahora, del mas puro instante.
Que triste mis limitaciones, para encontrar los adjetivos, para enseñarte y ponerte allí donde he estado, para acercarte a lo que he sentido querido amigo. Ahora mismo una lagrima está pendiente de caer para seguir con el relato.
Ahora estoy ya montado en su coche. El alcohol borró mucho. Mientras ella conduce en la noche de verano serena por las calles de Barcelona en paz , yo conduzco mis manos por dentro de sus piernas para provocar su límite de tolerancia al placer, hasta donde podemos llegar sin chocar.
Los vascos descansan, nosotros estamos furiosos. No puedo permitir que vea el asco de mi cuarto, entre ropas mugrientas, platos y caos del peor. Eso era yo. No podía enseñarlo luego de todo aquello. Un balcón a un centro de manzana, fue el inicio, y no hubo más remedio que irnos al cuarto por el escándalo. Miró aquello como cuando a alguien lo encierran en un manicomio. Pero la furia pudo más.
Primera vez que tenía sexo con alguien que hablase castellano u español de origen, y ella comenzó a gemir y decía, me voy mi amor, me voooy. Y yo estúpido pregunté a donde, no podía creer que se marchara en aquel instante. Gilipollas !!! gritó. Que me corro!!!! Siempre me río mde esto.
Y en aquello sentí, que la cúspide estaba ya, debajo de mis pies, para nunca mas volver a surgir, para que mis palabras fuesen huecas ya, y se rompiese para siempre aquel terrón de arena que se fue entre mis dedos.
Se marchó, más rápido que cuando apareció.
Sonó el teléfono una vez, era ella. Me lo dijo. Cortó. No se que dijo. Nunca volvió a atender mis llamadas aquella rubia, que no recuerdo ya ni su nombre, ni su cara, por que la borrachera de los años pudo con todo, aun con lo que debió ser indestructible para mi.

Alejandro Nigro
Dedicado a todos los amigos de este y otros Barrios de Barcelona.




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