Cuento para la Villa de Gracia
Tengo mil cuentos para hacer, y
necesito ya quitarme del ahogo, del dolor que oprime mi garganta a
media noche, cuando según dicen los que saben, la inspiración se
desencadena, para no dejarte por nunca jamás.
Viniste otra vez a mis recuerdos, para
despertarme en la noche y hacerme sentir pobre, en este mar de
palabras que he de encontrar, para poder contar nuestra historia,
aquella historia, la de la Villa de Gracia, la de las fiestas del
barrio, la de mi barrio amado.
Es cuando nunca mejor encaja Alfredo,
lo de “ no hay dolor más atrós que ser feliz “ por que los
recuerdos que te traen otra y otra vez son de una sutil y cruel
felicidad.
Recuerdo ahora, que salía de casa, la
que compartía con una pareja de vascos, en Sagrada Familia,
emporrado y borracho soñador, ahora consciente de que el troglodita
afectivo que soy y era, no tenía de donde alimentarse, y que quizá
no lo tendría por tiempo, salí a la calle, entre nubes, recontra
loco, a perderme, en los primeros meses de los once años que viví
allí. por las calles de por ahí, en dirección a la montaña.
Mi sed era urgente en esa época, y
caminaba sin mirar persona alguna, así nadie fuera a ver de estaba
compuesto mi sentir. Gris, temeroso, maníaco y desesperado de
afecto también, con una ira intolerable e ntolerante hacia todas
las sircunstancias de mi vida, de esa vida.
El paisaje de las calles comenzó a
cambiar lentamente, y comenzaron a aparecer decorados sobre los
árboles, mariposas de colores entre selvas profundas, historias de
ciencia ficción con naves espaciales, monos y aves, jardines
colgantes, un barrio entero de color y armonía, decorado en su
cielo, con sus vecinos en comunión compartiendo la comida. Alegría
entre la gente, música en vivo
con publico y más público y cada vez
más, en el que pasar desapercibido, deleitándose en aquello que
nunca imaginé ver, y que en mi borrachera aumentaba mi asombro por
diez. Locura total. Me apropié de aquello, pensaba que nadie en el
mundo más que yo podía conocer antes aquello de Barcelona, o sabía
o me había ablado sobre las Fiestas de Gracia antes.
Tenía que sentarme a tomarme otra y lo
hice en una plaza, en un banco de cemento gris, muy cómodo, y
necesario para mi estado. La soledad, el alcohol, el tabaco, los
porros, deterioran tu imagen, te arruinan sin que te des cuenta,
hasta el punto que tu higiene personal se puede cuestionar cuando
eres hojita que el viento ha de martirizar.
Por eso cuando la vi, delante mío,
escuchando atentamente el concierto, con aquella falda impecable, su
bolsa de haberse comprado algo elehante y delicado por lo diminuto
del labolsa, y su pelo rubio y lasio hasta la cintura, sin ver su
cara, supe que era bellísima.
Se que lo era. Me maltrataría y la
cobardía, como otras veces me puso cien quilos de plomo en los pies,
y mil latidos en la garganta. No recuerdo cuantas más bebí. Pero
algo, como un gancho, me acercó hacia ella y le hablé. Me miró y
se rió. Se que fue elegante y me habló.
En tiempos de euforia de mi alma, soy
capaz de hablar con una lágrima en el filo mismo del lagrimal, sin
que se me derrame, sea cosa buena, mala, divertida, sentimental o lo
que te diga, el resto van por mi garganta, para contenerme y poder
así disfrutar de aquel doloroso caudal de lo más puro que pueda
expresar que haya en mi, en aquel mismo instante.
Hablamos, hablamos, hablamos,
caminamos, caminamos, caminamos. Yo tengo una pobreza que solo da
para subir al ómnibus y comer hasta fin de mes, y mantener mi
alcoholismo con la cerveza más barata cada día en la plaza del
barrio.
Como se hacía la noche, ella preguntó
lo que yo no podía, Cenamos? Bajo un concepto estúpido de
educación, no estoy acostumbrado a aceptar nada de nadie cuando el
origen del problema está en que no puedo, en mi orgullo de no haber
disfrutado jamás de una invitación por que siempre lo he podido
todo, y ahora me siento como nunca con los valores trastornados, bajo
la ley del tanto tienes tanto vales. Acepté!! Además soy
rioplatense de los de antes recién llegado donde mucho hay por
balancear entre lo que traes en tu maleta, y lo que aprendes donde
vas.
Eta vez me deje llevar como pocas
veces, por la ensoñación de lo que estaba ocurriendo. Me había
declarado un perdedor, y ahora estaba sin perfume delante de la mas
bella, suelto el músculo del pecho, entregado a las carreras de una
mente enloquecida capaz de conquistarlo todo si te atreves a mirarme
un segundo a mis ojos y a dejar que la mermelada de palabras, que no
son mentiras , sino locura momentánea entren en ti.
La cena fue para saciar el apetito,
para vernos y mostrar mi cara al menos por un instante. Ahora pude
sentir valentía después de mucho tiempo, y un agradecimiento al
momento, a aquello que le hizo ver en mi, algo humano que disfrutar,
y a disfrutar de compartir su soledad, que no recuerdo los porque el
alcohol mucho lo borra, y además no te deja escuchar.
Salimos del restaurante hacia la calle
Verdi, mitad del barrio, con tiendas pequeñas, bares diminutos donde
parar para extender charlas, decorados, gente que sube y que baja,
risas, libros cines, todo puesto con gusto para el bien pasar.
Se hizo un silencio entre los dos
durante unos pasos. Primero fué uno de nuestros nudillos que se
rozaron uno contra el otro al ritmo del paso sereno. El pendulear de
nuestros brazos no desvío el trayecto en la segunda oportunidad, y
ya pude sentir su piel tibia. No había nada a mi alrededor, todo
estaba allí. El corazón quería ahogarme, y no lo dejé cuando
entró aquella bocanada de aire que lo hace entrecortado, hijo de las
emociones.
Tomé su mano en cámara lenta. Ingresé
aquel movimiento en mi ser. Ella no me miraba, ni yo a ella. Lo
disfrutamos durante minutos. Como que todo lo que vendrá vendrá y
ahora es el momento. Nuestros dedos fueron dendritas que contaron
desde lo que necesitábamos todo, y todo fue comprendido.
En algún lugar, bajo algún decorado
de pájaros y plantas, en la selva de la fortuna, dejamos que nuestra
naturaleza entrara en una caricia con los dedos entrelazados en su
pelo, una mirada placida y de contención, de cual sería ahora, el
momento preciso, la manera exacta y soñada de comer miga a miga el
pan de nuestros labios.
Largos, húmedos, retorcidos y
pacientes los besos y miradas de aquel rincón, donde una terragonesa
y un montevideano todo lo dieron sin pensar y para vivir la vida
misma con pasión tangible del aquel ahora, del mas puro instante.
Que triste mis limitaciones, para
encontrar los adjetivos, para enseñarte y ponerte allí donde he
estado, para acercarte a lo que he sentido querido amigo. Ahora mismo
una lagrima está pendiente de caer para seguir con el relato.
Ahora estoy ya montado en su coche. El
alcohol borró mucho. Mientras ella conduce en la noche de verano
serena por las calles de Barcelona en paz , yo conduzco mis manos por
dentro de sus piernas para provocar su límite de tolerancia al
placer, hasta donde podemos llegar sin chocar.
Los vascos descansan, nosotros estamos
furiosos. No puedo permitir que vea el asco de mi cuarto, entre ropas
mugrientas, platos y caos del peor. Eso era yo. No podía enseñarlo
luego de todo aquello. Un balcón a un centro de manzana, fue el
inicio, y no hubo más remedio que irnos al cuarto por el escándalo.
Miró aquello como cuando a alguien lo encierran en un manicomio.
Pero la furia pudo más.
Primera vez que tenía sexo con alguien
que hablase castellano u español de origen, y ella comenzó a gemir
y decía, me voy mi amor, me voooy. Y yo estúpido pregunté a donde,
no podía creer que se marchara en aquel instante. Gilipollas !!!
gritó. Que me corro!!!! Siempre me río mde esto.
Y en aquello sentí, que la cúspide
estaba ya, debajo de mis pies, para nunca mas volver a surgir, para
que mis palabras fuesen huecas ya, y se rompiese para siempre aquel
terrón de arena que se fue entre mis dedos.
Se marchó, más rápido que cuando
apareció.
Sonó el teléfono una vez, era ella.
Me lo dijo. Cortó. No se que dijo. Nunca volvió a
atender mis llamadas aquella rubia, que no recuerdo ya ni su nombre,
ni su cara, por que la borrachera de los años pudo con todo, aun con
lo que debió ser indestructible para mi.
Alejandro Nigro
Dedicado a todos los amigos de este y
otros Barrios de Barcelona.
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